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Prosperidad rural, solo con valor compartido

4 mayo, 2017 Redaccion Contrapoder

La creación de empresas no agrícolas es un medio
para mejorar el bienestar de la población en pobreza.

Varios factores contribuyen a la pobreza rural: el deterioro del entorno agroecológico, el aislamiento de las comunidades y la falta de activos productivos. Estos factores repercuten en la subsistencia de la población rural pobre y es un fenómeno mayor en el área del altiplano occidental, aunque no es exclusivo de esas zonas.

La población rural se dedica a la agricultura de subsistencia (maíz, frijol); sus ingresos se ven afectados por las variaciones climatológicas y por la inestabilidad de los precios agrícolas, así como el tipo y calidad del suelo y la escasez de agua.

Para diversificar estas unidades productivas se está avanzando en la revalorización de plantas nativas, que son parte del enorme legado ancestral de la cultura Maya. También las actividades no agrícolas pueden representar una nueva fuente de ingresos crecientes.

El valor compartido no solo es responsabilidad social, filantropía o incluso sostenibilidad, sino una nueva manera de lograr el éxito económico que va a dar lugar a la próxima gran transformación del pensamiento empresarial.   Las compañías de diversa escala deberán realizar acciones de cooperación empresarial en que los negocios reconecten la prosperidad empresarial con el progreso social. Esto parece algo muy difícil en el contexto actual; sin embargo, cada vez más empresarios son conscientes de que el modelo actual está llegando al término de su vida útil y que debe ser renovado lo antes posible con el esfuerzo conjunto.

Las micro y pequeñas empresas rurales (MPER) son oportunidades de generación de ingresos para los pobres sin tierra, pero se requiere que logren la escala necesaria que les permita insertarse a mercados dinámicos mediante la Asociatividad Empresarial.

Las MPER crearán nuevas modalidades de elaboración y comercialización de productos rurales, las que son fundamentales para incrementar el valor de la producción agropecuaria y estas pueden ser: comercialización de insumos, transporte, actividades de reparación y asistencia (electricidad, abastecimiento de agua a los hogares, equipo agrícola), herrería, fabricación de ladrillos, pequeños centros empresariales, servicios telefónicos rurales, panaderías, etc. Aquí, el enfoque de valor compartido generará nuevas oportunidades para la creación de empresas y aumentará el mercado de consumo masivo que interesa a las compañías de mayor escala.

La creación de las empresas no agrícolas en las zonas rurales es un medio para mejorar el bienestar de la población rural pobre y potenciar la capacidad de acción de las mujeres de esas zonas.

Por consiguiente, la prestación de servicios de desarrollo empresarial para acelerar el establecimiento de pequeñas empresas deberá ser un objetivo importante para la reducción digna de la pobreza. Evidentemente, este énfasis no desestimulará ni dejará de atender aquellas iniciativas agrícolas, pero en todos los casos se tratará de agregar la mayor cantidad de valor a nivel local, sobre todo para compensar la baja densidad económica de estos productos, la generación de empleo local, superar los altos costos de transacción y las serias dificultades de acceso vial que tienen los municipios más pobres. Esta es una tarea que requiere la coordinación de todos los esfuerzos en el mismo sentido.

 

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