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¿Qué le pasa a tu cuerpo y mente cuando detienes tu vida sexual?

23 septiembre, 2017 Redaccion Canal Antigua

Y no, no es el clima, o que se te olvidó apagar el aire acondicionado. Sino que sencillamente, tienes mucho espacio en tu cama y las sábanas están intacta. ¿Pero qué le pasa a tu cuerpo y ánimo cuando detienes tu vida sexual? Aquí te lo decimos.

En el cuerpo

En primer lugar, no existe un consenso en los especialistas, sobre los cambios que experimenta una persona al tener abstinencia sexual. Para el sicólogo y experto en temas sexuales, Rammael Álvarez, el efecto principal es una “baja hormonal”, pues la producción de adrenalina, testosterona o estrógenos es mínima, entre otras. “Pero es diferente en cada caso, pues la falta de sexo no es mala para la salud en sí, sino que son efectos probables de acuerdo a la persona”, explica.

En la mujer, por ejemplo, la carencia de intimidad afecta la lubricación vaginal, que desequilibra la flora vaginal y pH; el primero, bacterias que producen ácido láctico y otras sustancias para mantener el pH vaginal ácido que ayudan a que no proliferen los microorganismos patógenos. El resultado, las infecciones.

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Para el hombre, además de la disminución de la testosterona, que según la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, afecta la fortaleza en los huesos y músculos, la producción de espermatozoides, y los glóbulos rojos, entre otros, también podría provocar disfunción eréctil. “No existe una relación directa, pero algunos estudios indican que podría afectar las erecciones y dificultar las relaciones íntimas”, detalla el doctor David Gómez.

A esto se suma problemas en el sistema inmunológico; y en la mujer, podría provocar incontinencia urinaria, por la falta de “ejercicios de suelo pélvico”, añade Gómez.

En el estado de ánimo

Un parón sexual contundente, puede ser muy sensible, pero dependiendo de la persona. “Algunas personas podrían buscar una abstinencia de forma consciente, pues tiene otras actividades que les permiten liberar hormonas y sentirse plenas. Aunque claro, el sexo es más divertido”, detalla la sexóloga Martina González.

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En la misma línea opina Álvarez: “la sexualidad también puede ser sublimada o sustituida por el trabajo, estudio, religión o algún aspecto que en ese momento sea más importante”.

Pero según el experto, en otros casos, detener la vida sexual de forma abrupta para quien ya estaba «habituado», provocaría estrés, al experimentar una inquietud desbordada por el “paraíso sexual” perdido. Entre otros efectos, aparece el insomnio, o calidad de sueño limitada, y se reduce la liberación de opiáceos que ayudan a reducir dolores y mejorar la memoria.

Además, la piel se ve afectada pues no existe una buena liberación de sustancias anti-inflamatorias. “Yo creo que es más el buen humor y el positivismo de tener sexo de forma frecuente lo que nos hace tener una piel más sansa y lucir siempre un buen semblante”, refiere González. A eso se le suma una disminución del líbido; o en otras palabras, el riesgo de que la abstinencia sea más larga.

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Pero también, cuando se detiene la vida sexual, puede significar que la relación de pareja ha caído en la monotonía o rutina. “Alguno de los dos integrantes de la pareja puede tener deseos, fantasías que la otra persona no comparte o no quiere atreverse a efectuar; esto solo desarrolla una inapetencia sexual”, añade Álvarez.

Sin embargo, finaliza Álvarez, la sexualidad humana, como toda área de la vida, es cíclica. “Tiene sus altibajos y cambios, pero la clave es comprender que siempre tiene que existir creatividad para mantenerla activa; y, si llegan momentos de abstinencia, que estos no dominen nuestra vida, pues siempre hay otras actividades que nos mantienen con buen estado de ánimo”.

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