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¡Que no te tomen por tonto! aprende a degustar el vino

4 junio, 2017 Redaccion Canal Antigua

Hay mundos en los que nos sentimos como “colados” a una fiesta. Este podría ser el caso de la degustación del vino, una práctica en el que un experto o mejor conocedor que tú, te puede tomar como tonto y dejarte en ridículo. Aún así puedes aventurarte en este universo, pero para evitar un descalabro, es necesario que te prepares. Mira estos consejos para que no te tomen desprevenido.

Tus armas básicas

Antes que nada, debes saber estos datos:

Cómo tomar la copa: este es el fallo más obvio de los primerizos, así que es tu primera prueba. Siempre debes tomarla por la parte más delgada, conocida como mástil, ya que según los entendidos, si la tomas por la parte superior, el calor de tu mano cambiará la temperatura del vino y por tanto su sabor.

Para identificar el tipo de vino: viendo la etiqueta se puede comprobar su tiempo de almacenaje. Si asegura que ha pasado en recipientes de madera, es de semicrianza; crianza si tiene 2 años, con al menos 6 meses en barricas; y si son 3 años, para vino tinto, sería una reserva. Por último, para la gran reserva, en blancos y rosados, 4 años con 6 meses en barricas; y para los tintos 5, con 18 meses en barricas.

Los diferentes aromas: aquí es necesario saber los gustos y sensaciones que habrán en nuestro paladar al probar el vino. Hay 5 aromas: afrutado; mineral: tierra o piedras; lácteo y de nueces: mantequilla, levadura, crema, almendras, nueces, galletas; dulce y madera: chocolate, miel, roble, vainilla; y, por último, picante y salado: tabaco, humo, pimienta, tocino, café, canela, etcétera.

Reconocer los “taninos”: esto no es más que una sustancia química que se encuentra sobre todo en tintos que emplearon la piel de la uva, las pepitas, o tienen partículas de madera de las barricas en donde se guardó. Le otorgan un sabor seco y áspero que se puede notar en el medio de la lengua y delante de la boca.

Alardea de conocedor

Ya con el conocimiento básico, puedes pasar a la “prueba reina” y empezar a catar con estos 4 pasos, sorprendiendo a tus amigos y a uno que otro desconocido; la victoria puede ser muy dulce, aunque al inicio te parezca amarga:

Pon atención: antes que nada hay que observar la copa, examinar el color del vino y su matiz en los bordes. “En los blancos, un color claro con tonos verdosos, indica un vino joven; mientras que en los tintos, si es violáceo, joven; y café o teja, es que ya es viejo”, explica Douglas Montoya de Distribuidora Alcazarén.

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Gira la copa en círculos: con ello se libera su aroma y podrás identificar con tu nariz los que te listamos anteriormente. Esto hace que a la copa ingrese aire que facilita el proceso.

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Afina tu olfato:  y empieza a recordar aromas similares, como café, chocolate, etcétera. En los blancos, sobresale los olores cítricos. Con confianza, pues no es mal visto que aquí si metas tu nariz.

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Dale un sorbo y degústalo en tu boca: el análisis final del vino termina con la información que nos da la interacción de la lengua, y la parte superior y posterior de la cavidad bucal. Aquí podemos apreciar si el vino es ligero, fresco, astringente y si persiste en la boca luego de tragarlo.
Además, si te gusta o no, ten argumentos para justificar tu opinión si alguien te dice lo contrario. Aquí ya empezarás a ejercitar tu paladar, pero como todo, requiere constancia.

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“Se recomienda empezar por vinos bien ligeros, blancos o rosados y luego pasar por los tintos jóvenes, que no hayan estado guardados en barricas”, recomienda Montoya.

Además, es común probar algunos sorbos de vino antes de tomar una copa entera. Probar un vino de manera adecuada es muy importante para determinar si te gusta o no su sabor.

Añade que el sumiller (el especialista en vinos), también tiene por costumbre preguntar al comensal en un restaurante, por su experiencia en el consumo del vino. “Si no tiene mucho conocimiento, se le recomienda uno espumoso, menos intenso, ya que su paladar no está preparado para uno con mayor astringencia (amargo y seco)”, señala.

El experto Juan Jansá de Catador suma otro dato, pues opina que también se tiene que verificar la temperatura del vino; por ejemplo, un tinto debe estar a 16 o 18 grados, ya que si sobrepasa este margen, el alcohol perturba a la bebida.

  • En los blancos, según Wikihow, deben tomarse a una temperatura de entre 5 a 9 ºC (41 a 48 ºF), o retíralo del refrigerador 20 minutos antes de servirlo.
  • Las variedades de vino tinto más populares incluyen el Cabernet Sauvignon, el Merlot y el Pinot Noir; y en el vino blanco, el Chardonnay, el Pinot Grigio y el Sauvignon Blanc.
  • El vino tinto suele tener un sabor muy intenso, por lo que es mejor tomarlo en sorbos, y al contrario del blanco, que se puede tomar solo, es común acompañarlo de un plato fuerte o con un postre.
  • Según Wikihow, los vinos blancos son más refrescantes que los tintos, así que son ideales para equilibrar alimentos que tienen un sabor intenso.

El diccionario en el bolsillo

También hay ciertos conceptos que son más técnicos y que es bueno conocer aunque sea a grandes rasgos:

Bouquet: es la mezcla de olores y sabores finales que nos deja el vino en la boca y la nariz. Aquí se une la madera de la barrica en donde fue almacenado, un toque de vainilla y otros olores que ya citamos. “Muchos usan mal el concepto, ya que solo se puede emplear con los vinos que han sido almacenados en barrica”, explica.

Coupage: refiere a la mezcla de uvas de diferentes cepas que se utilizan para fabricar un vino, con el objetivo de corregir los defectos que tienen los frutos entre sí; por ejemplo, darle un aroma afrutado a vinos minerales u otorgar cuerpo a uno que es muy liviano.

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Añada: se refiere a las condiciones ambientales en las cuales se elaboró el vino de una determinada región o se cosechó las uvas.

Tostado: puede ser el gusto que obtuvo el vino en la barrica en donde se almacenó o el proceso de maduración. También puede señalar el tiempo que la uva estuvo expuesta al sol o a la lluvia.

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En resumen, como asegura Montoya, en un mundo “tan amplio y extenso” solo se puede llegar a ser un buen conocedor por la frecuencia del consumo y del estudio que se adquiere. “Un experto actual solo aprende un 20 por ciento en sus inicios, el resto deviene de la pasión que tenga para seguir aprendiendo”, finaliza.

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