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Así se purgan las penas en el infierno de California

14 octubre, 2017 Agence France-Presse

En la cárcel son presos, pero afuera son bomberos, como cualquier otro en California. No hay esposas o cadenas, ni siquiera hay custodios: los distingue el traje naranja y la palabra «recluso» estampada en una pierna del uniforme, y la paga que reciben.

Lucha caliente en California

Alejandro Rangel acaba de quedar en libertad y su plan es mantener el oficio que tenía en prisión: bombero forestal.

Integró por más de dos años una de las 200 cuadrillas de bomberos-reos que en el verano y otoño boreal pasan más tiempo combatiendo las llamas en los bosques de California que tras las rejas.

Esta semana, por ejemplo, unos 550 reclusos fueron enviados a la región del vino, donde violentos incendios se propagan de forma descontrolada y dejan ya más de 30 muertos, miles de evacuados y barrios enteros destruidos.


Por arriesgar la vida en la línea de fuego ganan un dólar la hora, contra un mínimo promedio de 17.7 dólares/hora para un bombero profesional.

Su principal trabajo es evitar que las llamas se propaguen, cortando árboles con sierras eléctricas y cavando canales con picos y arados en el pasto, alrededor del fuego, para contenerlo.

Los privados de libertad cavan canales para que las llamas no se propaguen. Foto/ AFP

Alejandro, de 25 años, sueña con trabajar como operador de motosierra.

«Pero lo que me pongan lo hago, quiero entrar en cualquier cuerpo de bomberos en California», dijo días antes de salir en libertad durante un ejercicio de entrenamiento en la prisión Oak Glen, en Yucaipa, unos 140 kilómetros al este de Los Ángeles.


Gayle McLaughlin, que aspira al puesto de vicegobernadora de California, condena el programa: «No importa cómo lo quieran disfrazar, tener gente trabajando por casi nada es trabajo esclavo y eso no se puede aceptar».

El camión en el que viajan no tiene escalera o manguera. Foto/ AFP

«Es un trabajo muy duro por poco dinero, pero te ayuda a construir carácter», dijo Alejandro, que ganó este año mil 200 dólares.

Se estima que el estado ahorra 124 millones de dólares al año con este programa que existe desde 1946 y que este año dejó dos reclusos muertos en la línea de fuego.

«Mi mamá está orgullosa»

Reclusos de mínima seguridad, condenados por delitos no violentos, pueden optar a este programa, que es voluntario dado el compromiso y riesgo que supone.

Alejandro fue condenado a ocho años por robar una vivienda en su natal San Fernando, vecina a Los Ángeles.

Lee más: ¿Será conveniente que los reos reparen las carreteras? #EnVideo

Ser bombero «cambió mi vida», indicó este hijo de mexicanos. «Cuando llegué no tenía ninguna experiencia, ahora disfruto trabajar en equipo, ayudar a otros… Esta es mi carrera».

En 2016 los privados de libertad recorrieron 16 mil kilómetros para combatir incendios. Foto/AFP

A Derrick Lovell (25) le quedan seis meses en Oak Glen y su plan, al igual que Alejandro, es unirse a los bomberos forestales.


«Mi mamá está orgullosa, me dijo yo sabía que serías bombero y lo fuiste aunque sea por el camino más duro», recordó emocionado.

«Es la primera vez que mi familia está orgullosa de mi», contó con una sonrisa pícara Travis Reeder (23), un chico preso por vender drogas que se desmayó en su segundo día de trabajo por deshidratación. También él apuesta por este oficio.

Los reclusos obtienen un pago por su trabajo. Foto/ AFP

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