ACTUALIDAD

Recuperar el Congreso

7 abril, 2017 Adrian Zapata

Los procesos judiciales son una vía legítima para depurar el Congreso. Los diputados honorables se deben comprometer con La agenda nacional.

El Congreso de la República, como institución, y los diputados que lo integran, en lo individual, están completamente desgastados, a pesar de que entre ellos hay personas honorables, quienes desempeñan muy bien sus responsabilidades.

No es casual esa lamentable realidad. Se encuadra en una deslegitimación de la política en su conjunto.

Las causas que podrían explicar la situación referida, podrían ser de tres tipos. Primero, todo el vilipendio que ha sufrido el Estado y, en general, lo público, como herencia malvada de la visión neoliberal que lo atacó para justificar su debilitamiento, en beneficio de la deificación del mercado y de todo lo privado.

En segundo lugar, también encontramos todo el esfuerzo por “desideologizar” la política (que es un absurdo) y mercantilizar las campañas electorales. Se dice, con insana ingenuidad, que a estas alturas de la historia ya no existen las derechas, ni las izquierdas; que eso es cosa del pasado, ya que ahora se debe gobernar tecnocráticamente, sin las “perversas” interferencias de la política. Respecto de la mercantilización de las campañas, su diabólico efecto es evidente, ya que prostituye la política, definiéndola como un quehacer que responde a los intereses de quienes la financian.

Y en tercer lugar está la responsabilidad personal de aquellos que se dedican a ella, considerando el poder como un medio para su enriquecimiento, sea de manera directa a través de la corrupción desvergonzada (recibir coimas, como el caso de Odebrecht) o impulsando leyes que favorezcan sus particulares intereses (como el reciente caso de los ganaderos).

La situación descrita no es nada nuevo, ni nació con la corrupta administración del gobierno del Partido Patriota. Ha sido un proceso acumulativo, donde cada Congreso es peor que el anterior, aunque la mayoría de sus integrantes sean nuevos en la legislatura.

Por eso, la “depuración” –como se hizo durante el gobierno de Ramiro de León–, es una puerta falsa, que puede ser aplaudida por el encono popular, pero que realmente equivale a podar un árbol que, sin duda, crecerá más robusto.

Ya algunos, acertadamente, han dicho que la depuración del Congreso está en marcha, mediante las acciones judiciales que se han emprendido y que tienen en la prisión o en la picota a un alto porcentaje de sus integrantes, situación que se incrementará aún más conforme surjan nuevos casos de corrupción, creando especial expectativa en este sentido las investigaciones que se realicen para detectar las responsabilidades de algunos diputados en el huracán regional llamado Odebrecht.

Coincidimos con quienes afirman lo anterior, ya que los procesos judiciales constituyen una vía legal y legítima para expulsar del Congreso, de manera individual, a los que no merecen estar allí, sin dejar de agotar el debido proceso y observando la presunción de inocencia.

Pero, al mismo tiempo, debe recuperarse el actual Organismo Legislativo, a partir de dos cosas: el reconocimiento de que no todos son corruptos, que hay dignatarios de la nación que deben ser reivindicados. Y, paralelamente, mediante un acuerdo entre organizaciones de la sociedad civil y diputados no involucrados en procesos judiciales, quienes se comprometerían seriamente con una agenda legislativa que exprese los intereses nacionales, comenzando por las reformas constitucionales indispensables para reformar la justicia y agregando aquellas referidas a las necesidades de los pobres y excluidos, quienes siguen siendo la mayoría de guatemaltecos.

La academia, particularmente las universidades, podría liderar esta iniciativa de concertación.

Comentarios

comentarios



RELACIONADOS