ACTUALIDAD

Seguridad alimentaria: un reto de país

28 julio, 2017 Rodolfo Castillo

No podemos pensar en una nación próspera, si la gran mayoría de la población tiene severas limitaciones alimentarias.

La situación de seguridad alimentaria en el país es muy precaria; afecta, particularmente, a las poblaciones indígenas y rurales. El porcentaje de desnutrición crónica a nivel nacional es de 49.8 por ciento, nivel muy superior al promedio de América Latina (14 por ciento) y de los promedios para Asia (35 por ciento) y África (40 por ciento). La desnutrición crónica es mayor en la población indígena (65.9 por ciento) que en la población no indígena (36.2 por ciento). En municipios con  mayoría indígena alcanza niveles arriba del 70 por ciento.

Se prevé que en los próximos diez años, la producción de frijol   bajará en 66 por ciento, mientras que el maíz en más del 20 por ciento. Lo anterior repercutirá en mayores niveles de pobreza y desnutrición.

Estamos propensos a la pérdida de diversidad genética, la cual se debe a los altos índices de modificación de hábitats, sobreexplotación de las tierras de cultivos, introducción de especies exóticas, sustitución de especies nativas por las requeridas por el mercado, contaminación ambiental y cruzamiento no intencionado.

La población indígena conserva dentro de su producción y dieta alimenticia, una serie de plantas nativas de alto valor nutritivo que están, además, mejor adaptadas a las condiciones locales de producción. Entre estas figuran: el amaranto, la hierbamora (conocida como macuy o quilete), el chipilín, la jícama, el apazote, la chaya, el güisquil, el quixtán, la pacaya, el izote, palo de pito, el chan, el morro, el güicoy y otros. Muchas, tienen valores nutricionales superiores  a la espinaca, la lechuga, la coliflor o el brócoli.  Estas plantas –que son tesoros–, son ricas en proteínas, fósforo, hierro, zinc, vitamina A, etc., los que son elementos esenciales para combatir la desnutrición. Por ello,  los índices vergonzosos de desnutrición se consideran un enorme contrasentido.

Por lo general, las políticas  no han tomado en cuenta la pertinencia cultural. Como resultado, la producción y la frecuencia del consumo de las plantas nativas continúa en disminución. Además, no hay bancos de semillas de estas especies y tampoco existe un banco de germoplasma. Asimismo, es importante generar un proceso de sensibilización y capacitación en materia de recuperación de estas especies, para que se promuevan una mayor producción y consumo, así se mejora simultáneamente la seguridad alimentaria, se aumenta la resistencia al cambio climático y se contribuye a la generación de ingresos mediante la agregación de valor y la comercialización asociativa.

Por el alto valor nutritivo, plantas como el amaranto y la chía tienen demanda en el mercado local e  internacional. Por ejemplo, el amaranto puede ser procesado en barras, galletas o harinas y obtiene así mayor valor agregado.

Se ha creado la Red para el Fomento y Desarrollo de alimentos ancestrales nutricionalmente mejorados, conformada por instituciones públicas y privadas, organizaciones de productores, cooperantes y académicos, quienes en conjunto han formulado un Plan Integral Sectorial para lograr que estos productos adquieran el valor y relevancia que tienen, especialmente porque a futuro no podemos pensar en un país próspero, si la gran mayoría de la población tiene severas limitaciones alimentarias.

    

   

Comentarios

comentarios



RELACIONADOS