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Trompas

1 febrero, 2017 Mauricio Chaulon

Cuando llegamos a Zacatecas, la primera persona con quien conversamos de forma holgada fue con el amable piloto del taxi que nos llevó al hotel. Empezamos a platicar de lo que siempre se pregunta cuando se llega a un nuevo lugar: el nombre de la persona, las carreras que ha hecho en el día, su horario laboral, clima, situación social, economía, sitios interesantes para visitar, política, historia. Bueno, eso es lo que a mí me gusta conversar de inicio. Y en un momento del viaje, apareció el tema de Donald Trump. Sucede que Zacatecas es un estado que se encuentra en la región centro-norte de México, por lo que es un paso común de migrantes locales y extranjeros que van hacia Estados Unidos. Hay muchas y muchos zacatecanos que migran, pero pasan más personas que son foráneas. Así, hablar de Trump era inevitable. Sin embargo, el amable taxista, quien me dijo que había vivido algunos años en tierras estadounidenses si papeles de residencia o visa de trabajo, al momento de mencionar al en aquel momento presidente electo de los Estados Unidos soltó una carcajada franca, estruendosa, y pegándole al timón de manera suave e inclinando un poco la cabeza, como quien se acuerda de una buena anécdota, me dice “¡Aaay, este Trompas!, dígame usted, ¿cómo cree ese señor que nos va a detener?”. Después de otra carcajada, me dijo, “nosotros hacemos allá lo que muchos gringos no quieren hacer, hasta su misma gente se lo va a cargar, ya verá usted”.

La percepción de las personas de a pie, de la gente común, y sobre todo cuando se trata de la gente que más ha sufrido el peso del sistema dominante tiene significados muy profundos. Mejor dicho, es donde se encuentran las significaciones y los códigos del devenir cotidiano y del presente; del hacer en el hoy. Tal vez, el hombre que nos llevaba al centro histórico de Zacatecas en su pequeño taxi no dimensionaba los múltiples elementos que subyacen en las medidas de Donald Trump hacia la migración. Pero, seguro, él se vio a sí mismo en el contexto y pensó en sus compatriotas con quienes vivió del otro lado de la frontera, con quienes la atravesó dos veces hacia el norte y en quienes estaban migrando en ese momento. Es imposible no pensar en ello cuando se ha migrado en esas condiciones.

Le dije que “Trompas” era un buen apodo, y me respondió “¿y no es un flojo de la trompa, pues? Dios no pone apellidos por gusto”, y volvió a reír. Ese hombre sencillo se refería con toda naturalidad al todopoderoso político de la blanquitud, quien habla de formas abusivas y representa a una clase que impone, que se jacta de no pagar todos sus impuestos porque cree en el libre mercado que generará gotas para que los demás vayan resolviendo su economía y que un Estado es útil siempre y cuando lo manejen ellos. Y la democracia liberal pretenden quemarla, argumentando que sólo abona en la defensa de quienes violan la ley. Recurren al pragmatismo para justificar sus posiciones y actos, cuando en realidad se trata de autoritarismo y neo fascismo. Claro que hay mucho de pragmático en sus acciones, pero no es sólo eso.

Trompas, como lo llama aquel buen zacatecano piloto de taxi, está acostumbrado a negociar duramente, levantando la voz y haciendo uso de su poder. Exhibe la dictadura de la blanquitud y de la pigmentocracia. Se jacta y actúa con base a ello, pero no gobierna solo, claro está. Ronald Reagan también cometió errores garrafales en la economía, con similares medidas a las de Trompas, pero mucha gente o ya no se acuerda o simplemente es más fácil –por el tipo de memoria histórica tan débil- echarle la culpa al inmediato pasado. Precisamente muchas y muchos de la clase a la que pertenece Trompas no ayudaron a salir de la crisis del 2008, pero tampoco el gobierno de Obama fue duro con ellos. Y hoy, están a punto de iniciar otra catástrofe.

El buen taxista zacatecano termina diciendo “Si Trompas hace todo lo que promete, seguro que se arma guerra, porque el pueblo gringo no se va a dejar, ¡imagínate nosotros aquí! La gente ni va a dejar de migrar ni va a dejar de trabajar duro aquí”. En Estados Unidos, el significado de Trompas sería algo similar a boastful loud o loudmouthed. Es que así lo identificó el taxista zacatecano: un jactancioso, un ruidoso, un gritón. Un impresentable que ha llegado a representar (juego paradójico de palabras) a toda una clase que desea blindar sus fortunas, acorralar a China y a Europa, frenar la globalización para constituirse en los generadores absolutos de capitales, y firmar con sello lacrado el divorcio entre capitalismo y democracia liberal. Eso sí, lo de Trompas nadie se lo quita, o al menos así lo identifico también por el buen devenir de mi amigo zacatecano, quien de seguro simboliza un sentir desde el Sur.



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