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Un país de película… pero de miedo

18 agosto, 2017 Estuardo Gasparico

Las vidas de 7 inocentes fueron segadas el miércoles y otras 12 personas sufrieron heridas graves. ¿Qué más tiene que pasar?

“El ataque perpetrado por grupos pandilleros para rescatar a un compañero detenido creó pánico entre los pacientes y el personal médico del centro asistencial. Entre los fallecidos hay un niño de ocho años y dos guardias del Sistema Penitenciario (SP)”, destacó el multimedio venezolano Telesur.

“Hubo un lamentable ataque en el área de emergencia dirigido a guardias del sistema peniteciario que trasladaban a un privado de libertad”, informó el diario La Prensa de Honduras, parafraseando al director policíaco guatemalteco.

El diario mexicano El Universal comentó que “El pánico se apoderó del Hospital Roosevelt, de la capital guatemalteca, por un intenso tiroteo en un ataque que, con saldo preliminar de seis muertos, fue lanzado en ese centro médico por sicarios de la Mara Salvatrucha, una de las organizaciones pandilleras juveniles más peligrosas del Triángulo Norte de Centroamérica”.

Poco después, la agencia de noticias Associated Press relataba que “En conferencia de prensa, el presidente Jimmy Morales precisó por la tarde que lo sucedido es indignante. ‘Está el ofrecimiento de dar con el paradero de los responsables’, y agregó que ‘la ley no lo contempla, pero son actos de terrorismo’.

O sea que, de nuevo, Guatemala fue noticia en muchos países, pero no por su ancestral cultura maya, por sus bellos paisajes, trajes coloridos o la calidez de su gente.

Fue noticia, como casi cada semana, pero por otro acto de barbarie cuyas primeras víctimas mortales fueron los guardias del Sistema Penitenciario Juan Sical Toj y Ediverto Valdez Ramos, quienes cumpliendo con su deber, custodiaban a un peligroso reo que, como era de esperarse, logró su objetivo de fugarse, sin importarle nada ni nadie, lo que quedó plenamente demostrado.

También quedó plenamente demostrado, otra vez, que la ciudadanía tampoco le importa al gobierno de turno ni a los demás organismos del Estado y creen que con “lamentar”, “condenar” y prometer que “el peso de la ley” caerá sobre los presuntos responsables, el problema se termina.

Por el contrario, los pandilleros y otros integrantes del crimen organizado, lo que hacen es reírse al ver las patéticas declaraciones de los funcionarios, quienes se limitan a lamentarse en lugar de actuar con todas las herramientas y facultades que las leyes permiten.

El mandatario y las autoridades de Gobernación, con frecuencia se ufanan de que la criminalidad está bajando en comparación con otros años.  Pues talvez será en su casa porque ellos sí que cuentan con seguridad blindada y entrenada que, por cierto, es pagada con nuestros impuestos. 

Si no, que el presidente Morales o sus ministros cuenten en qué se gastan los millones que se asignan cada año a la Secretaría de Asuntos Administrativos y de Seguridad de la Presidencia (SAAS), cuya función principal es garantizar la seguridad personal del mandatario, el vicepresidente y sus familias.

Mientras tanto, los guatemaltecos que pagamos sus jugosos salarios, ya no podemos ni siquiera acudir a un hospital público en busca de atención médica porque corremos el riesgo de morir ametrallados.  Tampoco podemos andar libremente por las calles porque en cualquier momento vamos a ser asaltados.

¿Y los delincuentes?  Muertos, pero de risa, pues saben que si los capturan, se escapan.  Y si los condenan, pronto los liberan.  Y si ninguna de estas cosas pasa, contratan a sus “compinches” y sucede precisamente lo que pasó el miércoles en el Roosevelt.  En síntesis, que esto da para el libreto de una película, pero de miedo.

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