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Un ranking que aporta, pero no avala el Mineduc

9 febrero, 2017 Miguel Gonzalez Moraga

En diversos círculos académicos, empresariales y gubernamentales se repite con frecuencia, y cierto grado de frustración, que en Guatemala no hay suficientes datos que permitan diseñar planes (de gobierno, desarrollo o de negocios) y tomar decisiones. Quizá por eso captan atención esfuerzos como el “Ranking de Colegios 2016 / Los mejores resultados por carrera”, publicado en la edición 190 de ContraPoder.

Desde enero de 2014 para la elaboración de la lista, el semanario se basa en los resultados de las pruebas de destrezas matemáticas y comprensión de lectura que el Ministerio de Educación (Mineduc) aplica a estudiantes del último año preuniversitario. Al conocerlos, procesarlos e interpretarlos con una metodología propia, la revista infiere y divulga indicadores que pueden servir para juzgar características del sistema educativo nacional, donde solo uno de cada tres educandos comprende lo que lee y que apenas uno de cada 10, cuenta con conocimientos matemáticos básicos.

Así las cosas, según esa clasificación, 29 de los 30 mejores planteles del país (salvo uno de Escuintla) se ubican en la capital y cinco de sus municipios cercanos. Ninguno es público, todos atienden a sectores socioeconómicos de medio a alto y los resultados van de 91.99 a 99.77 sobre 100 puntos. Mientras tanto, el instituto público que más punteó (73.88) está en Alta Verapaz, seguido de otros en Quetzaltenango (62.75) y la capital (57.13).

En cuatro listados sobre dónde se instruye mejor en bachillerato, perito contador, secretariado y magisterio preprimaria (40 en total), también sobresalen las instituciones privadas. Los datos resaltan que en una lista de 10 para secretariado, nueve colegios e institutos no superaron los 50 puntos (el décimo apenas llegó a 35.39). Mientras tanto, en los planteles donde se forma a educadoras para infantes, solo dos superan los 60 puntos.

En suma, se prepara a excelentes bachilleres, de regulares a buenos peritos contadores, pero deficientes secretarias y maestras de preprimaria.

En general, me pareció un tema bien documentado, escrito de forma adecuada y con buen aporte gráfico, completado con criterios de profesionales expertos en la materia. Claro que no dejó satisfechas a muchas personas (padres, maestros/as, estudiantes de los planteles que ni siquiera fueron mencionados) ni instituciones.

Por ejemplo, el mismo día que circuló la revista, el Mineduc divulgó un comunicado donde resaltó que la Dirección General de Educación (Digeduca) “no realiza rankings ni listados de listados de ordenamiento de peores o mejores colegios, debido a que no es suficiente tomar en cuenta el porcentaje de estudiantes que alcanzó o no el Logro (sic) para decidir si un establecimiento educativo es o no el mejor”.

Para que disminuyan las críticas de lectores que se basan en posiciones como las del Mineduc o que contribuyen a divulgar prejuicios en las redes sociales, insisto en mi sugerencia cuando he abordado el ranking de ContraPoder: debería compartirse completo ese trabajo periodístico en la página web de la revista. 

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