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Un tributo a nuestros mentores

26 marzo, 2017 Redaccion Contrapoder

He aquí, La historia de un gran emprendedor.

Desde que me di cuenta de que mi pasión era emprender nuevos proyectos, he tratado de estar cerca de personas a las que considero ejemplares por sus acciones y logros: familiares, amigos, alumnos, académicos y clientes. Me ha gustado estar cerca de ellos porque a mi parecer, me enseñan y aprendo más de lo que yo puedo aportar. Ahora, que ya tengo 16 años de ser emprendedor, veo la importancia e influencia que estas personas han tenido en mi carrera.

Es por eso que hoy rindo tributo a Gustavo Argüello Pasos, mi suegro y mi mentor. Él nació en Nicaragua y según me contaba, desde pequeño fue un niño muy inquieto; estudió en un internado en los Estados Unidos y se graduó a muy temprana edad de una de las mejores universidades de ingeniería de ese país (RPI). Regresó a Centroamérica contratado por una constructora americana para hacer carreteras en toda la región. Ya trabajando en esta empresa, se empezó a dar cuenta de las oportunidades que habían, principalmente en la industria del acero, y fue cuando comenzó su verdadera carrera de emprendimiento.

Posteriormente, fue contratado como gerente de ventas por la empresa Metasa, en ese entonces la más grande de acero de la región. En esta negociación, mucho ojo emprendedores, no pidió un sueldo sino una comisión y bonos sobre resultados. Por su capacidad, después de un año, ya ganaba más que el gerente general por concepto de salario y bonificaciones. Esto empezó a causar incomodidad y trataron de renegociar las condiciones con él. En ese momento, fundó su empresa Aceros Prefabricados, S.A. (APSA) a la cual dedicó su vida, con más de 1 mil 500 empleados, obras en toda Centroamérica, México y el Caribe y la convirtió en una de las más importantes en la industria y lo mejor, en un legado de trabajo, honradez y dedicación. Tuve la dicha de poder compartir con él y las personas que lo rodeaban por casi 15 años; ojalá hubiesen sido más. Digo esto, para que todos los que tienen a estos grandes emprendedores, maestros y/o mentores los aprovechen lo más posible y aprendan de ellos.

Para mí, cada día que compartía con él era una lección, una clase de negocios, de visión y de atreverse a hacer las cosas. Por su experiencia y trayectoria, cada consejo que me daba era un acierto en cualquier negociación. El temple que tenía en situaciones difíciles, cuándo ceder, cuándo apretar, eran actitudes que yo observaba detenidamente y que hoy en día trato de poner en práctica.

Es de admirar su disciplina de trabajo, su compasión con la gente y creo que lo más importante de todo, su ética de hacer siempre lo correcto aunque las consecuencias fueran difíciles. Hoy que ya no está, se le extraña mucho, me quedan sus recuerdos y sus lecciones. Gracias Gustavo ¡veo cuánto contribuyó en mi vida y en la de miles de guatemaltecos que trabajaron a su lado! Su lema, “el que ama, construye”, lo hizo realidad con su vida.

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