Una matanza volvió a encender alarmas en Alemania por la creciente xenofobia

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Tobias Rathjen no pertenecía a ninguna organización neonazi ni a algún grupo de extrema derecha. Pero su demente gesto de odio racial, que terminó anteanoche con la vida de nueve personas en la ciudad de Hanau, dejó al descubierto el vertiginoso aumento de xenofobia que padece Alemania. Angela Merkel denunció ayer «el veneno» del racismo, ligando ese ataque a otros atentados xenófobos.

«El racismo es un veneno, el odio es un veneno. Y ese veneno existe en nuestra sociedad desde los actos de la CNS hasta el asesinato de Walter Lubcke y los crímenes de Halle», declaró la canciller.

Merkel se refirió así a la serie de crímenes y atentados de un grupúsculo neonazi en los años 2000, al asesinato en junio pasado de un dirigente proinmigración y al ataque contra una sinagoga, que dejó dos muertos en octubre pasado.

Aunque reconoció que era demasiado pronto para descubrir todos los detalles, Merkel afirmó que, según «numerosas indicaciones», «el autor actuó movido por ideas de extrema derecha, racistas, por odio contra personas de diferente origen, creencias o pertenencia».

Anteanoche, Tobias Rathjen, de 43 años, abrió fuego en dos bares donde se fuma narguile en Hanau -ciudad de 95.000 personas, a 20 kilómetros al este de Fráncfort-, y provocó la muerte de nueve personas e hirió a muchas otras, la mayoría de origen kurdo, turco y de los países balcánicos.

Para el tribunal federal que se ocupa de cuestiones de terrorismo, se trató muy probablemente del crimen xenófobo de un lobo solitario. Ayer por la mañana, Rathjen fue hallado muerto en su casa junto al cadáver de su madre, asesinada a balazos. La policía encontró un manifiesto y un video en el que evoca «los pueblos que es necesario eliminar».

El ataque de Hanau es el más violento de todos los registrados contra minorías étnicas o ciudadanos alemanes favorables a su integración en un país agitado por los debates sobre la inmigración desde hace varios años.

Alemania tiene, sin embargo, una de las legislaciones más estrictas del mundo sobre armas de fuego. El año pasado, después de una serie de ataques de radicales de derecha, el gobierno la reforzó aún más, exigiendo un estudio de antecedentes antes de otorgar los permisos.

Este atentado se suma al creciente número de episodios xenófobos cometidos en un ambiente político que parece cada vez más agresivo, especialmente desde que el partido Alternativa para Alemania (AfD), que obtuvo 12,6% de los votos en septiembre de 2017, se convirtió en la primera formación de extrema derecha que ingresó al Parlamento desde la Segunda Guerra Mundial.

Como lo evocó Merkel, en junio pasado, el político conservador Walter Lubcke, cuyo nombre apareció en una lista neonazi que circuló por internet, fue fatalmente baleado en un acto que los especialistas califican como el primer crimen político de la extrema derecha desde el nazismo.

Menos de seis meses después, un individuo de extrema derecha asesinó a dos alemanes, tras haber fracasado en su intento de entrar por la fuerza a una sinagoga en la ciudad de Halle durante la celebración de Yom Kippur.

La semana pasada, las autoridades desbarataron una red terrorista de extrema derecha, sospechada de planear ataques racistas. Las fuerzas de seguridad arrestaron a 12 personas, incluido un policía.

En las últimas décadas la población se ha vuelto cada vez más diversa; esto provoca eternos debates sobre quién puede ser considerado «alemán» y quién «extranjero».

Según la policía, el número de crímenes racistas en Alemania es cinco veces superior al provocado por el fanatismo islamista. Los llamados «delitos de odio» están en constante progresión, pasando de 7913 a 8113 en 2018. La mayoría son atribuidos a la extrema derecha.

En 2018, la policía antiterrorista confiscó 1091 armas involucradas en crímenes del extremismo xenófobo: un aumento de 61% en relación con el año anterior, que los expertos califican de «masivo rearme» de los grupos neonazis.

Muchos políticos alemanes no dudan en hacer el nexo entre el aumento de la violencia y el clima de odio racial alimentado por el AfD.

Para el socialdemócrata Michael Roth, secretario de Estado para Asuntos Europeos: «Los elementos responsables de actos como el de Hanau se nutren ideológicamente de fascistas como Björn Höcke (líder del AfD en Turingia).

El odio a la democracia, el racismo, el antisemitismo, el odio a los gitanos y la islamofobia prosperan en tierras fértiles. Por eso, yo mantengo mi posición: el AfD es el brazo político del terrorismo de extrema derecha».

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