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Verano tormentoso

11 marzo, 2018 Redaccion Contrapoder

Normalmente, en nuestro país solemos asociar el verano con mucho calor, piscina, playa, bebidas frías y comida, en especial si hay chicos de vacaciones. Pero no siempre es así…

Resulta que el verano pasado mi prima Ana tuvo a bien visitarnos en vacaciones de verano. Siendo ella madre de tres hijos, y con 40 años de vida, goza de muy buena condición física, salud y entusiasmo para los paseos. Entonces, como buenos veraneantes, su familia y la mía dispusimos emprender un viaje a la casa de playa de un amigo cercano, el cual tardó siete horas y que normalmente debimos realizar en dos.

Aunque parezca extraño, contra todo pronóstico y como suele suceder alguna vez en la costa, durante el transcurso del viaje y en la primera hora de camino comenzaron a aglutinarse muchas nubes negras sobre nosotros, de esas que infaliblemente van cargadas de agua. Por cierto, ni mi prima ni yo pensamos en llevar paraguas.

Un poco confundidos por el paisaje no quisimos detenernos y nos adentramos a lo que sería la tormenta de verano. A medida que avanzábamos aparecía la lluvia acompañada de viento, truenos y relámpagos, por lo que continuamos tomando las medidas de seguridad que indicaba el camino. Luego llegamos a la encrucijada de cruzar un puente que parecía seguro, antes de ver aparecer una corriente caudalosa bajo nuestros vehículos.

bebés, piscina
Foto: Pixabay.com

Mi prima detuvo su carro, descendió bajo la tormenta y se acercó a nuestra ventanilla. Lo menos esperado pasó: llanta pinchada. Mi sobrino de 8 años comenzó a desesperarse y a inquietarse con la ruidosa tormenta. De mi parte, pues no me atreví a bajarme de mi vehículo; consulté con mi teléfono celular la distancia, el tiempo de viaje y condiciones climáticas de nuestro destino, acción que hubiese sido mucho más oportuna antes de salir de casa.

Como anécdota risible, el sistema de información señalaba que se trataba de un chubasco aislado, como suelen nombrarles los expertos en conceptos climáticos. Mi prima, con la colaboración de mi marido y su hijo mayor, dispusieron aparcarse para tratar de colocar la llanta de repuesto, lo cual fue imposible bajo la lluvia.

Aquella espera se prolongó por casi dos horas; luego de la impetuosa lluvia hicimos el cambio y debimos conducirnos a baja velocidad debido a los charcos, lodo y corrientes de agua sobre la carretera. Como suele suceder en las películas de ficción, atravesamos la tormenta y el paisaje cambió por completo, era otro. Mucho sol, calor y, por supuesto, playa. Y como sucede en el trópico, debemos esperar y prepararnos de todo un poco. Recordé una frase que me repetían de niña:

“Febrero loco, marzo ventoso y abril lluvioso, sacan a mayo florido y hermoso”.

*Por Sonia de Chávez. 

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