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2 febrero, 2017 Estuardo Porras Zadik

Si no definimos nuestra postura, seremos incapaces de erradicar la corrupción.

Foto: Luis Soto/Contrapoder
Foto: Luis Soto/Contrapoder

Difícilmente podemos asegurar que algún sector de nuestra sociedad es ajeno al modo en el que la misma opera. Somos una sociedad acostumbrada a la anarquía, a la desobediencia y a la corrupción. Operamos en la ilegalidad y estamos tan acostumbrados a esta, que cuando se nos trata de enmarcar en el camino del orden nos sentimos incomodos, desubicados y, en muchas ocasiones, agredidos. El fin justifica los medios y hemos gratificado la ley del más “buzo”, creando una escala de valores que dista mucho de lo que requiere una sociedad para operar en un Estado de derecho, en el que la ley sea horizontal. Hasta que hagamos un análisis exhaustivo y profundo de nuestro aporte en la construcción de este modelo completamente distorsionado, no podremos definir una postura que nos permita abordar el cambio.

Para muchos, este cambio atenta en contra de sus intereses personales y es en ese preciso momento en el que más cuesta definir una postura. ¿Estamos dispuestos a apoyar una cruzada en contra de la corrupción, si esta atenta en contra de nuestros intereses, los de nuestra familia o de nuestro sector? Al parecer, no, y este ataque sistemático por parte de varios sectores y, en algunos casos, a título personal en contra de la labor de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) y el Ministerio Público (MP) es un claro ejemplo de la intolerancia al cambio.

Para nadie es un secreto que la corrupción se encuentra incrustada en los tres poderes del Estado. El nuestro, es un Estado cooptado por poderes paralelos, que fue creado a la medida de sus intereses. Hoy, la CICIG y el MP intentan desarticular a estos poderes fácticos y con ello recuperar la institucionalidad en el Ejecutivo, en el Legislativo y en el Judicial. Esta se ha convertido en una guerra entre el bien y el mal, lo correcto y lo incorrecto, lo legal y lo ilegal. Este es el momento de definir nuestra postura y decidir de qué lado estamos.

“Solo cuando no ser corrupto o no corromper sea cool, podremos vislumbrar el cambio p or el que la cicig y los valientes fiscales del MP luchan todos los días”.

Hasta la fecha, la ciudadanía se encuentra a la expectativa y no hemos asumido una postura frontal y activa en contra de la corrupción. Una valiente minoría se ha pronunciado abiertamente y la plaza fue un claro ejemplo de ello. Un movimiento sin un claro liderazgo, carente de ideologías o manipulaciones de algún sector, en el que las clases sociales se pronunciaron a una voz, se convirtió en el emblema de lo que podemos lograr si encontramos un punto de encuentro en el mar de diferencias que nos separan. Pero una manifestación de nuestra indignación no es suficiente. El cambio llegará solo cuando el ser correcto sea la norma y no la excepción, cuando la censura de lo ilegal y lo corrupto sea una práctica con la que nos identifiquemos y de la que nos podamos enorgullecer. Solo cuando no ser corrupto o no corromper sea cool, podremos vislumbrar el cambio por el que la CICIG y los valientes fiscales del MP luchan todos los días.

No hace mucho, un buen amigo compartió conmigo una frase que define nuestro actuar como sociedad: “Todo padre debe saber que un día su hijo seguirá su ejemplo, en vez de su consejo”. Enseñemos con el ejemplo que respetar la ley es el camino correcto. Empecemos por pequeñeces y hagámoslo desde nuestro entorno. Todos hemos sido parte de la construcción de la sociedad a la que pertenecemos y la única manera de contar con la solvencia que este cambio requiere, es si empezamos por corregir nuestro propio actuar. Veamos para atrás, para cambiar en el presente, esto permitirá que nuestros hijos hereden un mejor futuro. Dejemos en las manos de la CICIG y el MP la persecución de aquellos responsables de desfigurar nuestras instituciones, a sabiendas de que tanto mi familia como yo, mi sector o mi entorno pueden ser afectados en el proceso y que eso no debe cambiar mi visión de un país diferente. Seamos agentes del cambio y digamos con todo orgullo y solvencia: ¡Yo apoyo a la CICIG!

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