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#YoNoTengoCongreso

2 abril, 2017 Estuardo Porras Zadik

El gran diálogo nacional puede tener su punto de partida en la depuración del Congreso de la República.

Hasta que no exista una profunda reforma de las leyes electorales, que cambie de manera radical el sistema, de raíz, será imposible que se lleve a cabo la depuración que se requiere en el Congreso. Lo que hoy en día tenemos en el Poder Legislativo es una herencia del pasado. Un sistema que, a través de la corrupción y la impunidad, ha sido garante de privilegios e intereses puntuales para diversos sectores que se aprovechan del analfabetismo político y la carencia de legitimidad de los parlamentarios. Los efectos de este sistema son innumerables, al igual que lo son los cómplices de poner en marcha el mismo y de nutrirlo para mantenerlo blindado. Pero ahora, ese blindaje resulta ineficiente ante una ciudadanía desesperada que despertó y que se encuentra de la mano de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) y el Ministerio Publico (MP).

La labor de la CICIG y el MP, sin embargo, no es suficiente. Sin reformas profundas a las leyes electorales continuaremos reciclando y no renovando.

Las cárceles ya de por sí se encuentran saturadas y con la alerta de un nuevo tsunami denominado “Odebrecht” se vaticina que las mismas tendrán de huéspedes a un buen número de diputados. Esperemos que los que salgan ilesos tomen una postura diferente y proactiva en relación con las inminentes reformas que nos permitirán encausarnos hacia el fortalecimiento institucional, que ha sido debilitado por una clara cooptación del Estado. Una cooptación que tuvo como eje transversal al Congreso de la República. Los candados que no permiten que avancemos están en el Congreso y la llave la tenemos nosotros, los ciudadanos.

La CICIG y el MP continuarán su trabajo investigativo y poco a poco develarán el entretejido del sistema, su funcionamiento y sus beneficiarios. Sin embargo, hay que tener muy en cuenta que el parlamentario en estos casos de corrupción, no es más que quien se deja corromper por el corruptor, que lo utiliza para proteger sus intereses, y es a este, el elegido por el pueblo, al único que tenemos la obligación y derecho de exigirle legitimidad y transparencia. El corruptor no tiene efecto, si el representante del pueblo es incorruptible. En otras palabras, así como el candado que no permite que avancemos se encuentra en el Congreso, de igual manera podemos ser capaces –a través de reformas profundas–, de crear candados que no permitan que el corruptor coopte las instituciones del Estado.

Guatemala se encuentra al borde de un estallido social. Los únicos que se benefician de esta polarización son los que desean mantener intacto el sistema actual. Un espejismo a corto plazo, ya que las condiciones no permiten que prevalezca el statu quo. Poco a poco empiezan todos los sectores del país a comprender que, si no hacemos cambios radicales en nuestro actuar, les dejamos la puerta abierta a líderes populistas que se nutren del caos, ya sea de izquierda o de derecha. Una Venezuela, cada día, se hace más factible en un país que no logra definir su estrategia para retomar o para encontrar el camino correcto. Nuestra única salida es apostarle a la institucionalidad y al buen funcionamiento del Estado.

Y hoy, podemos tener la oportunidad de empezar un diálogo nacional –que todos los sectores hemos convocado sin éxito alguno–, partiendo de la depuración y renovación del Congreso de la República. Hoy no es relevante quiénes se beneficiaron y qué sectores fueron protagónicos en el andamiaje del sistema. Todos sabemos cómo llegamos a donde estamos y lo que hoy más importa es cómo salimos adelante. Empecemos por unirnos para lograr que el Congreso de la República de Guatemala sea integrado por gente capaz, honorable y legítima, que represente los intereses de los guatemaltecos.  Sin una reforma profunda, el cambio es imposible…

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