El comercio ilícito se ha convertido en una amenaza que va más allá de la venta de productos de contrabando o falsificados. Detrás de este mercado operan redes que aprovechan las debilidades en las fronteras y los controles institucionales para movilizar mercancías y generar ganancias fuera de la economía formal.
El más reciente estudio de TRACIT refleja parte de este desafío. Guatemala obtuvo una calificación de apenas 43.1 puntos sobre 100 y se ubicó en el puesto 106 de 158 países evaluados, situándose entre los países con mayor vulnerabilidad de Centroamérica frente a este fenómeno.
El informe señala debilidades en los controles fronterizos, la supervisión aduanera, el combate al lavado de activos y la capacidad institucional para enfrentar estructuras criminales que operan entre distintos países.
Aunque Guatemala no figura principalmente como productor de mercancías ilegales, su ubicación geográfica la convierte en un corredor estratégico para el contrabando de cigarrillos, medicamentos, bebidas alcohólicas, productos falsificados y el tráfico de vida silvestre.
El impacto no se limita a las pérdidas millonarias en recaudación para el Estado.
El dinero generado por estas actividades también puede fortalecer estructuras criminales, distorsionar la competencia para los negocios que operan legalmente y aumentar los riesgos para los consumidores.
Sobre el índice global del comercio ilícito, el Director para las Américas de Tracit, señaló que si hay demasiada informalidad, y si cumplir la ley es demasiado costoso, hay que revisarlo, agregó.
El comercio ilícito no solo representa mercancías que cruzan una frontera sin control; también significa recursos que dejan de llegar al Estado, competencia desleal para quienes producen legalmente y mayores espacios para el fortalecimiento del crimen organizado.
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Redacción por Roxana de León









