Por AFP
El presidente chino Xi Jinping llegó este miércoles a Washington para una visita de Estado de tres días, con amplias discusiones sobre inteligencia artificial, Irán o comercio en la agenda, y ceremonias por todo lo alto.
El propio presidente Donald Trump recibió a Xi al pie del avión en la base Andrews, en las afueras de la capital, un gesto excepcional.
Cuando Trump visitó Pekín en mayo fue recibido por el vicepresidente chino.
Hace más de diez años que un líder chino no protagoniza una visita de Estado en la capital, y Trump lo agasajará con un espectáculo aéreo militar y el tradicional saludo con 21 cañonazos.
El banquete en la Casa Blanca, en la noche del jueves, promete reunir a la élite empresarial y política de Estados Unidos.
La visita de Xi concluirá el viernes por la mañana, con un té para ambas parejas presidenciales y una visita a los Archivos Nacionales, donde se encuentra la Declaración de Independencia de Estados Unidos.
Cuando los dos líderes se sienten para sus esperadas conversaciones, se enfrentarán a una serie de espinosos asuntos encabezados por los temores sobre el vertiginoso desarrollo de la inteligencia artificial.
Pero, dado que China y Estados Unidos compiten por la supremacía en IA, hay pocas expectativas de que se alcance algún acuerdo para regular esta tecnología de rápido avance.
En las conversaciones preliminares del domingo entre el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, y su homólogo chino, He Lifeng, se abordó la creación de un canal de comunicación para las preocupaciones sobre la IA.
Bessent anunció que la tregual comercial entre ambas potencias, que Trump decretó para permitir que el diálogo avance, será prolongada hasta enero.
Jonathan Czin, del Instituto Brookings, declaró a la AFP que las expectativas de resultados concretos de la reunión eran bajas, ya que la distancia negociadora es demasiado grande.
Los analistas señalaron que China ya ha empezado a mirar más allá de Trump, cuyo segundo mandato termina a principios de 2029, y que en muchos sentidos está ganando tiempo y utilizando la tregua para consolidar su posición.
“Dictador opresivo”
La fastuosa bienvenida de Trump a Xi ha despertado críticas de los sectores más duros frente a China dentro de su propio partido, especialmente en medio de informes de que Pekín suministró a Irán información de inteligencia para ataques contra tropas estadounidenses.
“Nuestro comandante en jefe debe tener presente que su invitado es un dictador brutal, no elegido y opresivo”, declaró el senador republicano Roger Wicker, presidente del poderoso Comité de Servicios Armados del Senado.
“Los líderes de las dos principales potencias armamentísticas deben hablar”, replicó el secretario de Estado, Marco Rubio, ante periodistas.
El subsecretario de Prensa de la Casa Blanca, Taylor Rogers, afirmó a la cadena estadounidense Spectrum News: “El presidente está haciendo lo que es mejor para nuestros intereses nacionales en este caso”.
Para Trump, la visita de Xi es también una oportunidad para centrarse en el boato en lugar de en los problemas internos, donde el efecto de la guerra con Irán sobre los precios del combustible ha hecho que su índice de aprobación caiga en picado hasta mínimos históricos antes de las elecciones legislativas de noviembre.
Los presidentes estadounidenses rara vez se desplazan al aeropuerto para recibir a líderes extranjeros, aunque Trump dio la bienvenida en la pista al presidente ruso Vladimir Putin en Alaska el año pasado.
Se cree que las últimas recepciones de este tipo en Andrews —aparte de las visitas papales— fueron la bienvenida de John F. Kennedy al primer ministro británico Harold Macmillan en 1962 y la de Dwight D. Eisenhower al líder soviético Nikita Jrushchov en 1959.









