El Congreso de la República reactivó la mesa técnica para dar continuidad a los trabajos de dragado en humedales y bocabarras del país, con una primera asignación de más de Q25 millones para fortalecer la prevención de inundaciones.
Los trabajos para reducir el riesgo de inundaciones en la costa sur dieron un nuevo paso este martes con la confirmación del primer desembolso de fondos para realizar dragados en Las Lisas, Santa Rosa.
Autoridades informaron que el Ministerio de Comunicaciones trasladará más de Q25 millones al Ministerio de la Defensa como parte de un convenio que contempla una inversión total de Q51 millones.
Los recursos serán utilizados para avanzar en las labores de dragado en humedales y desembocaduras, una medida que busca mejorar el flujo del agua y disminuir las inundaciones en comunidades vulnerables durante la temporada de lluvias.
Según lo previsto, posteriormente se realizará una segunda transferencia para completar los fondos establecidos en el acuerdo interinstitucional.
Por su parte, el viceministro de Marina de la Defensa Nacional, Edwin Loarca, destacó los resultados obtenidos con las dragas que actualmente operan en Sipacate, Escuintla, y Champerico, Retalhuleu.
Según indicó, las intervenciones en bocabarra y canales contribuyeron a reducir el impacto de las recientes lluvias y evitaron inundaciones en varias comunidades afectadas por la tormenta tropical que recientemente atravesó el territorio nacional.
Loarca señaló que el mantenimiento constante de estos puntos es fundamental para facilitar el flujo natural del agua hacia el mar y disminuir los riesgos para las poblaciones asentadas en áreas costeras y cercanas a humedales.
En tanto, el jefe de la bancada UNE, Inés Castillo, explicó que los recursos asignados al Ministerio de la Defensa no solo servirán para la ejecución de los dragados, sino también para fortalecer la maquinaria y el equipo necesario para realizar estas labores de manera permanente y eficiente.
Las autoridades coincidieron en que la continuidad de estos proyectos resulta clave para la gestión del riesgo y la protección de comunidades vulnerables, especialmente durante la temporada de lluvias, cuando aumenta la amenaza de inundaciones y daños a la infraestructura local.
Por Bryan Choy











