El déficit de lluvias previsto entre agosto y octubre pone bajo presión a la producción agrícola y podría tener efectos en el comercio exterior de Guatemala.
Cerca del 96% del territorio agrícola podría recibir menos lluvia de la esperada durante este período.
El escenario abarca zonas productoras de café, banano, hortalizas, melón, plátano y caña de azúcar, vinculadas directamente con las exportaciones, pero también cultivos básicos como maíz y frijol.
El problema no es solamente la falta de lluvia. En varias regiones, las temperaturas podrían alcanzar entre 30 y 38 grados, una combinación que acelera la pérdida de humedad del suelo y aumenta la cantidad de agua que necesitan los cultivos.
Para los productores, esto puede significar mayor uso de sistemas de riego, cambios en las fechas de siembra y cosecha y mayores costos para mantener la producción. El impacto puede ser mayor en áreas donde existe poco acceso a sistemas de almacenamiento y distribución de agua.
Y la presión podría trasladarse al mercado. Si disminuyen los rendimientos o cambian los ciclos de cosecha, podría haber menos producto disponible y mayores costos, además de dificultades para cumplir con los volúmenes y fechas acordadas con compradores internacionales.
En el mercado interno, una menor producción de maíz y frijol también podría generar presión sobre el abastecimiento y los precios, dependiendo de cuánto se prolonguen las condiciones secas.
Para agosto, los principales déficits de lluvia se proyectan en Occidente, el Altiplano Central, Oriente y el sur del Pacífico, con reducciones de entre 30 y 120 milímetros frente a los niveles habituales en algunas zonas.
Por ahora, el pronóstico no significa que exista una pérdida generalizada de cosechas.
Pero sí anticipa tres meses sensibles para el agro, en los que la disponibilidad de agua será determinante para contener costos, proteger la producción y cumplir los compromisos comerciales y de exportación.
Redacción Web







