Análisis | Corrupción y mediocridad: los obstáculos internos que frenan el desarrollo de Guatemala

En el análisis de #ALas845, Oscar Alberto Benítez de la Campa, administrador de Empresas y consultor en gestión y desarrollo organizacional, conversó sobre cómo la corrupción y la mediocridad detienen el desarrollo del país.
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En el análisis de #ALas845, Oscar Alberto Benítez de la Campa, administrador de Empresas, profesor de programas de maestría y consultor en gestión y desarrollo organizacional, conversó sobre el tema, “Corrupción y mediocridad: los obstáculos internos que frenan el desarrollo de Guatemala”.

El experto discutió sobre cómo la corrupción y la mediocridad como factores estructurales, limitan el desarrollo
económico, institucional y social de Guatemala, así como su impacto en la gestión pública, la empresa privada, la educación y la cultura cívica.

De la Campa señaló que un país pasa del subdesarrollo cuando mejora en el índice de desarrollo humano, en la escolaridad y en otros factores. “En el índice de desarrollo humano, el 60 % tiene que ver con acciones del Estado. En la escolaridad en el país muchos no llegan al ciclo básico. Menos del 6 % de la población está o estuvo en la universidad, por lo que ir allí es un privilegio”, dijo.

Añadió que, pese a todo, el país cuenta con algunas características actuales, como la innovación en capitales locales y extranjeros. “Tenemos cifras récord por remesas, y el otro detalle, es la posición geográfica de Guatemala. Apareció el concepto de nearshoring. Hay gran cantidad de capitales que quieren invertir en Guatemala, pero allí viene esa mediocridad y la corrupción como los grandes enemigos del país”, explicó.

Ya entrando en materia, el experto citó una “mitología de la corrupción”, a la que igualó con un “animal amorfo”.

“Se habla de un pacto de corruptos, con una morfología etérea, en lugar de llamarlo cómo es. Por ejemplo, en Cuba, en Venezuela y Nicaragua, Castro y otros entraron diciendo que atacarían a la corrupción, pero se volvió peor luego cuando tomaron el poder. Entonces se usa el concepto amorfo y místico para acusar y encontrar y dibujar sicológicamente un monstruo que se llama corrupción, pero no tiene nombre. La corrupción en realidad es un latrocinio, que significa robo o fraude grave, y la RAE dice que especialmente es la que se hace contra bienes públicos”, dijo.

Añadió que la solución no se trata con “poner candados”, sino que el problema se centra en el individuo. “Me da mucha tristeza que gente que era perfecta en su forma de conducirse, se metieron en ambientes y quedaron desacreditados”, resaltó.

Ante la cuestión sobre si es menor la corrupción en el ámbito privado comparado con el público, el experto señaló que el primero cuenta con mecanismos para evitar las malas prácticas, pero el público “encuentra la forma de brincarse el candado”. “Se puede a un nivel bajo controlar la corrupción, pero también la corrupción significa no hacer, sino que estar de fiesta en fiesta, y gozar de las prebendas que me da el puesto”, resaltó.

Insistió en que se debe ir “más profundo con el individuo”, y citó el caso de Singapur, en donde a la niñez se le inculca el amor por su país.

Acerca de cómo el presupuesto del Estado es usado para “impulsar” esa corrupción, o como “incentivo” que se utiliza para malgastar frente a recortar recursos o tener mejor control de éstos o más calidad en el gasto, de la Campa resaltó que esta práctica se basa en un “gasto mediocre” más ignorancia.

“Existe un desconocimiento de políticas macroeconómicas. Aquí las utilizan como instrumentos ideológicos y se usan fuera de contexto las herramientas macroeconómicas y nos causan problemas”, declaró.

Sobre el concepto de mediocridad el experto lo definió como “no profundizar en temas que son de interés, de sentido común”. “Si nos hace falta escolaridad, metamos esfuerzos, si hace falta en salud, metamos a ello. Inversionistas estuvieron 7 horas atrapados en el tráfico y al final solo establecieron una inversión pequeña, a como se esperaba. En otro caso, hubo empresarios que por venir en guayabera, el presidente no los recibió. La mediocridad es poder ver solo el ladrillo, en lugar de la pared”, explicó.

En relación a que las faltas y malas acciones sí sean sancionadas, en una certeza de “castigo”, el experto dijo que las sanciones deben ser aprehendidas desde la escuela y la familia. “Se debe enseñar e incorporar en la sociedad. También se relaciona de cómo seleccionamos a nuestros mandatarios, en donde se vota por el más astuto y no por el más capaz. Todos los honestos no se meten porque es un suicidio social. Los que entran son aventureros y a quienes no les importa. Lo que necesitamos es gente proba”, indicó.

Por cómo puede ser el proceso para superar estos factores, de la Campa, mencionó “cambios radicales” como base para realizar avances en inculcar buenas prácticas.

Para finalizar, el experto exhortó a que “las cosas se deben llamar como son”, y por eso resaltó la palabra latrocinio, porque “individualiza” al corrupto. “Es un robo y falta de amor a la patria y al prójimo. La motivación interna es la que se debe buscar. Esta tierra, si no la cuidamos, la vamos a perder”, dijo.

La entrevista completa:

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