El peso invisible de la desnutrición crónica infantil
Cuando un niño o niña sufre desnutrición crónica, no solo se ve afectado su crecimiento físico; también su capacidad de aprender, de jugar, de imaginar un futuro lleno de posibilidades.

Compartir:

La desnutrición crónica no se mide solo en centímetros o en percentiles, si no también se mide en sueños aplazados, en juegos interrumpidos, en miradas que buscan energía donde el cuerpo ya no la encuentra.

La desnutrición crónica es el retraso en el crecimiento en niños, es decir, cuando la talla para la edad es inferior a lo esperado según los estándares internacionales, provoca efectos a largo plazo, tanto físicos como cognitivos afectando, resistencia en enfermedades, desarrollo intelectual, escolar, entre otros.

Cuando un niño o niña sufre desnutrición crónica, no solo se ve afectado su crecimiento físico; también su capacidad de aprender, de jugar, de imaginar un futuro lleno de posibilidades.

Según un informe reciente del Banco Mundial, en Guatemala el 46% de los niños menores de 2 años padece de desnutrición crónica, esta realidad coloca al país entre los más afectados por la desnutrición a nivel mundial.

Agregan que superar esta situación requiere intervenciones integrales desde el embarazo hasta los primeros años de vida.

Especialistas refieren que la desnutrición crónica en el país en un problema multifactorial, las causas más comunes son:

Importante mencionar que el país no está estático ante este problema, ya que existen esfuerzos institucionales y cooperación que enfrentan esta situación grave en Guatemala ya que las consecuencias de la desnutrición crónica pueden llegar a ser devastadoras y permanentes.

Detrás de cada caso hay una historia: una familia que lucha contra la pobreza, una comunidad que intenta sostenerse, una sociedad que muchas veces mira hacia otro lado.

Una nutrición adecuada y el acceso a agua potable mejoran el potencial de aprendizaje, la retención  escolar y la probabilidad de que en su edad adulta puedan obtener un empleo digno.

Redacción por Roxana de León

Deje su comentario

Le puede interesar