La Semana Santa en Guatemala es una de las tradiciones más emblemáticas del país, reconocida por su riqueza cultural, histórica y religiosa. En entrevista para Análisis 845, el historiador, sociólogo e investigador Aníbal Chajón, del Centro de Estudios de las Culturas de la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC), explicó los orígenes y evolución de esta celebración.
Un patrimonio cultural reconocido
Las procesiones de Semana Santa fueron declaradas patrimonio cultural por la UNESCO, debido a su importancia para los pueblos que las practican. Este reconocimiento busca generar conciencia sobre el valor cultural que representan estas tradiciones.
Los primeros registros en Guatemala
El primer registro de la Semana Santa en el país se remonta a 1527, cuando se estableció la parroquia de Santiago de Guatemala. Esta medida, además de religiosa, tenía un trasfondo político, ya que permitió organizar el calendario de celebraciones católicas, destacando la conmemoración de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo como la más importante.
El origen de las alfombras
Las tradicionales alfombras tienen raíces en la fusión cultural. Según Chajón, los misioneros utilizaron elementos ya presentes en la cultura maya, donde existían caminos ceremoniales decorados con pino y flores entre 1560 y 1580.
Posteriormente, con la llegada del Hermano Pedro en el siglo XVII, esta tradición evolucionó. Él impulsó la creación de alfombras utilizando aserrín de colores en el barrio donde vivía, cerca de la Ermita del Calvario, una zona donde abundaban los aserraderos.
Inspirado en prácticas de su tierra natal, donde se utilizaba tierra de colores, adaptó el material disponible en Guatemala, dando origen a las primeras alfombras de aserrín. Con el paso del tiempo, especialmente en el siglo XX, estas se volvieron más complejas y de gran tamaño, llegando a cubrir calles completas.
Además, en lugares como Antigua Guatemala, surgió la tradición de decorar con frutos y productos agrícolas, enriqueciendo aún más su simbolismo.
Evolución de diseños y elementos
Inicialmente, las alfombras presentaban figuras geométricas. Sin embargo, con el tiempo se incorporaron símbolos religiosos, imágenes y rostros.
Otro elemento característico es el corozo, cuya implementación se remonta a finales del siglo XIX. Aunque su cultivo en la bocacosta fue un fracaso económico, su abundancia permitió integrarlo como parte esencial de la decoración procesional.
El significado de las procesiones
La procesión es el recorrido de un grupo de personas de un punto a otro, pero su importancia radica en quienes participan y en el orden establecido. Desde el siglo XVI se reguló la participación del clero, autoridades religiosas y fieles.
Uno de los momentos clave en la historia fue en 1655, cuando salió por primera vez en procesión la imagen del Nazareno de La Merced, generando gran impacto entre los fieles por su realismo. Esta imagen, cargada inicialmente en andas de cuatro brazos, marcó un antes y un después en la tradición.
“A partir del Nazareno de La Merced, otras iglesias comenzaron a encargar sus propias imágenes”, explicó Chajón.
También destacó la diferenciación social en las imágenes: mientras el Nazareno de La Merced estaba destinado a cofradías hispanas, otras representaciones, como la de San Jerónimo, tenían rasgos más mestizos.
“Para nosotros, la procesión no es la gente, es la imagen”, enfatizó el historiador.
Tradiciones y costumbres
Entre las tradiciones destaca la quema de Judas, de origen español, que funciona como una forma de crítica social. Durante esta actividad se lee el “testamento de Judas”, donde se hacen sátiras sobre personajes públicos.
Otra costumbre es el uso de la matraca en lugar de campanas durante los días solemnes, ya que estas simbolizan alegría. La matraca, de origen español, convoca a los fieles con un sonido más sobrio.
En cuanto a la gastronomía, la Iglesia Católica estableció la abstinencia de carne roja en ciertos días, lo que impulsó el consumo de pescado. El bacalao a la vizcaína se popularizó en el siglo XIX debido a su conservación en sal y su llegada desde Europa a través de los puertos de México y Guatemala.
Asimismo, postres como las torrejas y molletes se consumen por su aporte energético durante las vigilias religiosas.









